Carlos emprendió la busqueda en un día nublado, parecía que iba a llover. Él comenzo a caminar por el boque gritando fuerte el nombre de Luciana. Llegaba la tarde y Carlos no la encontraba, así que el colitario joven decidió dormir bajo la aleta de un árbol grande y robusto. Mientras dormía, soñó que un hombrecillo de estatura baja estaba a su lado y le daba instrucciones para que pudiera encontrar a Luciana, el hombrecito le decía que debía encontrar un árbol muy, pero muy alto, que se ubicaba a la orilla de un río caudaloso y torrentoso y que tenía que subir en él y desde esa altura divisaría otro árbol que tenia el tronco plateado y las hojas doradas, era mágico, y que llegando donde se ubicaba este árbol, debería tomar una rama la que le mostraría el camino para dar con Luciana. El joven Carlos, al despertar buscó el árbo, que el hombrecillo le había dicho en sus sueños. Carlos, después de tanto caminar pudo hallar por fin el árbol, subió en éste y pudo divisar el tronco plateado y las hojas doradas del otro árbol, así que bajo rapidamente y caminó en dirección del dichoso árbol. Pasó por espesos montes, quebradas y pantanos antes de llegar al mágico árbol , cortó la rama y ésta comenzó a alumbrar, Carlos caminaba y a medida que se acercaba a su amada, la luz se hacía más potente, si se alejaba la luz bajaba su intensidad; así dando tumbos, Carlos llegó a una pequeña cueva... ¡Ahí estaba Luciana!, atada a una roca y vestida de blanco, como una novia. Carlos quiso abrazarla y liberarla, apareció el hombrecillo de sus sueños. Hasta aquí has llegado, otros murieron en el intento - díjole el pequeño hombre - pero igual vas a morir, porque Luciana va a ser mía por el resto de su vida.
sábado, 26 de marzo de 2011
EL RAPTO
Cierta vez, en una pequeña aldea, Luciana, la novia de Carlos se perdió en el bosque; la gente decía que el chullachaqui la había raptado y él, su novio, debía buscarla a pesar de todo lo que pudiera pasar en esta búsqueda.
No bien había terminado de hablar cuando convirtió a Carlos en zorro que salió disparado por el monte. Carlos, convertido en zorro se detuvo junto a un árbol y escuchó que éste la preguntó:
-¿Qué te pasa?
Carlos se sentó al pie del árbol y le contó todo lo sucedido.
Luego de escuchar , el árbol le entrego una daga dorada a Carlos y le indicó:
-Sólo recuperarás a tu amada sí hundes esta daga en el corazón de ese hombrecillo, él es el chullachaqui, pero así convertido en zorro, sólo podrás llegar a ella si la amas de verdad, de lo contrario el muro invisible que cuida la entrada de la cueva no permitirá tu ingreso; el chullachaqui, sólo espera la siguiente luna nueva para casarse con Luciana, en cuanto mates al hombrecillo, recuperarás tu forma humana.
Carlos así lo hizo. Éspero cerca del lugar a que el chullachaqui llegará, trató de hablar y pudo apenas hacerlo, dijo ¡oro!, ¡oro!, el chullachaqui escuchó. Corrió al lugar de donde escuchó la voz y Carlos, que tenía la daga firme entre sus fauces, se abalanzo y se la hundió en el corazón; recuperó su forma huaman, el hechizo del chullachaqui se desvaeció, corrió hacia la cueva y liberó a su amada.
Levó a su casa a Luciana; los padres de él, al verlo llegar con su amada, se alegraron y realizaron una gran fiesta. Todos fueron felices en el pueblo, pero mucho más, Carlos y Luciana.
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Libro : SELECCIÓN DE RELATOS Y POEMAS ESCOLARES
Autor(a) : PAMELA MOZOMBITE TORRES
miércoles, 23 de marzo de 2011
La Venganza de las Citaracuy
En el pueblito se Saposoa, vivía un viejito llamado Juan. Él trabajaba en su chacra sembrado maíz y verduras. Esa noche durmió placidamente. Al día siguiente despertó: "Amaneció, es muy temprano para ir a trabajar, mejor sigo durmiendo, total no tengo por qué apresurarme, sólo cosecharé para ir a Pucallpa a vender mis productos y así sobrevivir en esta vida tan difícil" - pensaba el viejito.
Volviose a dormir. Después de mucho tiempo se levantó renegando y se dijo; "Tengo que irme a la chacra, por qué tengo que hacer precisamente yo ese arduo trabajo"; sin embardo , se puso de pie y fue a su chacra. "¡Ya estoy cansado, felizmente falta poco para llegar!" - iba molesto el viejo. Cuando llegó al lugar, se dio con la ingrata sorpresa que su chacra había sido cosechada por otra gente. Se sentó a llorar amargamente y gritó al cielo: "¡Por qué Dios mío, tanto esforcé y ahora nada... no es justo!". Al cabo de unas horas, reflexionó, se dio una bocanada de fuerza y pensó; "Ahora no me fue bien; la próxima, será mejor".
El viejito Juan preparó su terreno para una nueva siembra. Cuidó su chacra durante mucho tiempo y, cuando ya estaba para la cosecha, no se durmió, sino que fue a trabajar.
Llegaba a la chacra cuando vio a dos jóvenes que empezaban su faena de robar. Juan les gritó, lanzó unas piedras y los correteó con un trozo de madera en la mano. Los ladrones entre risas se escapaban, cuando repentinamente pisaron en falso y fueron a dar a un hormiguero de citaracuy. Estas hormigas cundieron a los ladrones y los picotearon, ante la satisfacción del viejito Juan que les gritaba: "¡Se lo merecen shicapas, se lo merecen rateros"!.
Juan puedo cosechar y vender sus productos.
Sobre las citaracuy y los ladrones, por la forma cómo corrían éstos, me parece que así surgió la danza del Citaracuy.
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Autora: Rosa Inés Ríos Guerra, "Selección de Relatos y Poemas Escolares" pg.19 y 20
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