sábado, 26 de marzo de 2011

EL RAPTO

Cierta vez, en una pequeña aldea, Luciana, la novia de Carlos se perdió en el bosque; la gente decía que el chullachaqui la había raptado y él, su novio, debía buscarla a pesar de todo lo que pudiera pasar en esta búsqueda.

Carlos emprendió la busqueda en un día nublado, parecía que iba a llover. Él comenzo a caminar por el boque gritando fuerte el nombre de Luciana. Llegaba la tarde y Carlos no la encontraba, así que el colitario joven decidió dormir bajo la aleta de un árbol grande y robusto. Mientras dormía, soñó que un hombrecillo de estatura baja estaba a su lado y le daba instrucciones para que pudiera encontrar a Luciana, el hombrecito le decía que debía encontrar un árbol muy, pero muy alto, que se ubicaba a la orilla de un río caudaloso y torrentoso y que tenía que subir en él y desde esa altura divisaría otro árbol que tenia el tronco plateado y las hojas doradas, era mágico, y que llegando donde se ubicaba este árbol, debería tomar una rama la que le mostraría el camino para dar con Luciana. El joven Carlos, al despertar buscó el árbo, que el hombrecillo le había dicho en sus sueños. Carlos, después de tanto caminar pudo hallar por fin el árbol, subió en éste y pudo divisar el tronco plateado y las hojas doradas del otro árbol, así que bajo rapidamente y caminó en dirección del dichoso árbol. Pasó por espesos montes, quebradas y pantanos antes de llegar al mágico árbol , cortó la rama y ésta comenzó a alumbrar, Carlos caminaba y a medida que se acercaba a su amada, la luz se hacía más potente, si se alejaba la luz bajaba su intensidad; así dando tumbos, Carlos llegó a una pequeña cueva... ¡Ahí estaba Luciana!, atada a una roca y vestida de blanco, como una novia. Carlos quiso abrazarla y liberarla, apareció el hombrecillo de sus sueños. Hasta aquí has llegado, otros murieron en el intento - díjole el pequeño hombre - pero igual vas a morir, porque Luciana va a ser mía por el resto de su vida.


No bien había terminado de hablar cuando convirtió a Carlos en zorro que salió disparado por el monte. Carlos, convertido en zorro se detuvo junto a un árbol y escuchó que éste la preguntó:


-¿Qué te pasa?


Carlos se sentó al pie del árbol y le contó todo lo sucedido.


Luego de escuchar , el árbol le entrego una daga dorada a Carlos y le indicó:

-Sólo recuperarás a tu amada sí hundes esta daga en el corazón de ese hombrecillo, él es el chullachaqui, pero así convertido en zorro, sólo podrás llegar a ella si la amas de verdad, de lo contrario el muro invisible que cuida la entrada de la cueva no permitirá tu ingreso; el chullachaqui, sólo espera la siguiente luna nueva para casarse con Luciana, en cuanto mates al hombrecillo, recuperarás tu forma humana.


Carlos así lo hizo. Éspero cerca del lugar a que el chullachaqui llegará, trató de hablar y pudo apenas hacerlo, dijo ¡oro!, ¡oro!, el chullachaqui escuchó. Corrió al lugar de donde escuchó la voz y Carlos, que tenía la daga firme entre sus fauces, se abalanzo y se la hundió en el corazón; recuperó su forma huaman, el hechizo del chullachaqui se desvaeció, corrió hacia la cueva y liberó a su amada.


Levó a su casa a Luciana; los padres de él, al verlo llegar con su amada, se alegraron y realizaron una gran fiesta. Todos fueron felices en el pueblo, pero mucho más, Carlos y Luciana.


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Libro : SELECCIÓN DE RELATOS Y POEMAS ESCOLARES

Autor(a) : PAMELA MOZOMBITE TORRES

miércoles, 23 de marzo de 2011

La Venganza de las Citaracuy

En el pueblito se Saposoa, vivía un viejito llamado Juan. Él trabajaba en su chacra sembrado maíz y verduras. Esa noche durmió placidamente. Al día siguiente despertó: "Amaneció, es muy temprano para ir a trabajar, mejor sigo durmiendo, total no tengo por qué apresurarme, sólo cosecharé para ir a Pucallpa a vender mis productos y así sobrevivir en esta vida tan difícil" - pensaba el viejito.
Volviose a dormir. Después de mucho tiempo se levantó renegando y se dijo; "Tengo que irme a la chacra, por qué tengo que hacer precisamente yo ese arduo trabajo"; sin embardo , se puso de pie y fue a su chacra. "¡Ya estoy cansado, felizmente falta poco para llegar!" - iba molesto el viejo. Cuando llegó al lugar, se dio con la ingrata sorpresa que su chacra había sido cosechada por otra gente. Se sentó a llorar amargamente y gritó al cielo: "¡Por qué Dios mío, tanto esforcé y ahora nada... no es justo!". Al cabo de unas horas, reflexionó, se dio una bocanada de fuerza y pensó; "Ahora no me fue bien; la próxima, será mejor".
El viejito Juan preparó su terreno para una nueva siembra. Cuidó su chacra durante mucho tiempo y, cuando ya estaba para la cosecha, no se durmió, sino que fue a trabajar.
Llegaba a la chacra cuando vio a dos jóvenes que empezaban su faena de robar. Juan les gritó, lanzó unas piedras y los correteó con un trozo de madera en la mano. Los ladrones entre risas se escapaban, cuando repentinamente pisaron en falso y fueron a dar a un hormiguero de citaracuy. Estas hormigas cundieron a los ladrones y los picotearon, ante la satisfacción del viejito Juan que les gritaba: "¡Se lo merecen shicapas, se lo merecen rateros"!.
Juan puedo cosechar y vender sus productos.
Sobre las citaracuy y los ladrones, por la forma cómo corrían éstos, me parece que así surgió la danza del Citaracuy.
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Autora: Rosa Inés Ríos Guerra, "Selección de Relatos y Poemas Escolares" pg.19 y 20

jueves, 22 de julio de 2010

LA SHAPAJITA

Cuando vuelva a despertar
en hermosa mañana reluciente,
junto a mi loro, selvático animal,
estaré contento, como toda la gente.

Temprano iré a la shapajita
escuelita de mi niñez,
donde con otros niños,
muchas cosas aprenderé.

Ya atardece y muy triste
a mi casa regresare;
Shapajita , escuelita de mi vida
por siempre te cantaré.
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Dedicado a su Instución Educativa "FRANCISCO BOLOGNESI 64005"
que tuvo la mayor parte de su infancia en esas aulas, con esos amigos, con los profesores, y que a tdos ellos lo engloba en "La SHAPAJITA" y que no olvidará y siempre lo recordará.

Conocido en la ciudad de pucallpa a esta Intitución como la shapajita, llamano así por los alumnos de dicha institución, que tambien es recordado por sus exalumnos.
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Título : Selección de relatos y poemas escolares Shapajita
Selección de: Carlos Alberto López Marrufo
Autor :Oliver Montilla
Impreso :Universidad Nacional de Ucayali (UNU)

jueves, 1 de julio de 2010

EL HARRAGAN

Una mañana muy resplandeciente, una señora se levantaba a cultivar de buena gana su jardín, pero su marido estaba de muy mal humor y quería seguir durmiendo; su mujer le increpó: ¡Levántate haragán, ayúdame a cultivar para poder sembrar verduras siquiera!, pero el marido ni quería mirar el machete. La señora amarga botó al marido de la casa y éste le dijo: Mujer, acuérdate que por la misma puerta por la que hoy me botas, voy a regresar ganador.

El marido se fue hasta del pueblo, porque la gente sabía de su ociosidad y no lo quería, se fue lejos, pero era tan haragán, que no podía construir ni una chocita; padecía de hambre y temblaba de frío, así que un día, moribundo, se durmió.

Dos gallinazos se posaron sobre él, creyéndolo muerto, pero uno de ellos dijo: Se mueve un poquito, creo que está vivo, mejor vamos a ese pueblo donde la gente se está muriendo de sed, ahí la comida está segura, porque la gente no sabe, menos el gobernante, que hay un pozo detrás de una de la letrinas, y está el agua a sólo dos metros de profundidad, además ese gobernante ofrece una recompensa muy grande para el que encuentre un poquito de agua. En esas estaban lo gallinazos, cuando el haragán se movió bruscamente, se asustaron las aves y se fueron. Te lo dije atinó a decir una de ellas.
El haragán había escuchado todo; sin embargo, vuelve a echarse para dormir. Estaba ya casi soñando, cuando otros dos gallinazos se posaron sobre él y lo tantearon por si estaba muerto. Uno le dijo al otro: Que tal si le doy un picotón para saber si está muerto, porque parece que está vivo.

Su compañero lo respondió: A lo mejor nos mata, en todo caso vamos a la casa de ese alcalde que está próximo a morir, pero no sabe que su mal está debajo de su cama y es ese sapo que ahí vive y todas las noches le succiona su sangre; si ese sapo moriría, el alcalde se salva y se recupera en un mes, como él no sabe de esto ofrece una fortuna al que lo salve, ¡Vamos!, y los gallinazos se fueron.

El haragán no se aguantó. Fue al primer pueblo, avisó al gobernante, cavó detrás de la letrina y a dos metros halló abundante agua. Se le dio su fortuna, compró cincuenta caballos y se dirigió al otro poblado. Allí informo que él podía salvar al alcalde, quedó a solas con él y sacó al sapo, lo mató y lo cuido durante un mes; al cabo de ese tiempo, el alcalde sanó y le entregó una gran fortuna, por lo que el haragán compró otros cincuenta caballos y se marchó a su pueblo.

Una vez en su pueblo, el haragán al llegar fue objeto de adulaciones de los pobladores. Pero al llegar a la casa de la mujer, si bien ella lo recibió, primero le invocó que dejara la haraganería. Él prometió hacerlo, pero luego acotó: ¡Ya ves mujer, te dije que por esa puerta por donde me botaste, voy a regresar ganador!
*Pronunciado así, para enfatizar semánticamente este comportamiento.

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Titulo : Selección de relatos y poemas escolares Shapajita
Selección de : Carlos Alberto López Marrufo
Autor : Oliver Montilla
Impreso : UNU